Lunes, 16 de Marzo de 2026 |

Cicloturismo sentido a través de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai

Texto: Julen Iturbe-Ormaetxe Viernes, 13 de Marzo de 2026

Rutas familiares, para la bici de monte, la de gravel o de la de carretera. Para tu ebike también. Pero tenlo claro: la bici es un medio para un fin. La bici te sirve para sentir. Sentir Urdaibai.


[Texto: Julen Iturbe-Ormaetxe Fotos: José Miguel Llano, Julen Iturbe-Ormaetxe y Ángel Toña Güenaga]


Sentir Urdaibai

Vista, oído, tacto, olfato, gusto. Los cinco sentidos. Mira, escucha, toca, huele, saborea. La Reserva de la Biosfera de Urdaibai es tu oportunidad. Date un tiempo, no es momento de prisas. Disfruta de tu esfuerzo, intenso o tranquilo. Elige tu forma de sentir Urdaibai.
 

Fue cerca del Cabo de Matxikako. A veces la luz (el sentido de la vista, claro) se empeña en colarse en la retina y hacerse un hueco en nuestra memoria visual. A mí me pasó. Sí, por un sendero que desciende hacia el faro. Detrás, siguiendo la línea de costa, la omnipresente ermita de San Juan de Gaztelugatxe, varada en un islote rocoso anclado a tierra firme a través de un puente de piedra de dos arcos. Sentí Urdaibai. No sabía que sucedería. Pero la química con el territorio no es fácil de predecir. Sucede. Solo había que estar allí, en aquel preciso instante. Lo sentí.

Supe que Urdaibai no se recorre; se siente.
 

Hemos viajado a muchos destinos en busca de carreteras perfectas y subidas épicas, de caminos con encanto y de valles silenciosos. Hemos viajado para encontrarnos. Y en contadas ocasiones encontramos lugares que exigen subir piñones y meter una marcha más lenta. Urdaibai es el ejemplo perfecto. Anidada en el corazón de la costa de Bizkaia, esta región fue declarada Reserva de la Biosfera de la UNESCO por una razón fundamental: es un milagro de contraste. En pocos kilómetros pasas del oleaje del Cantábrico a los montes silenciosos de encinas cantábricas; del frenesí portuario de Bermeo a la paz ancestral del Roble de Gernika.


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Aquí, la bicicleta no es solo un medio de transporte; es la llave para acceder a su pulso más íntimo. En Urdaibai no perseguimos récords, aunque también puedes pedalear con cierta atención puesta en el potenciómetro. Venimos a practicar un ciclismo consciente, una especie de slow biking, un pedaleo que prioriza la sensación, el sabor y la historia sobre la velocidad.

Este reportaje te propone jugar con los sentidos. Queremos que nos acompañes en una especie de ruta de los cinco sentidos de Urdaibai. Es una propuesta original para quien, como tú, cicloturista, buscas más que una línea en un mapa: buscas el alma de un territorio. Los sentidos son el hilo conductor.

 

El atractivo del contraste: pedalear naturaleza y cultura

Urdaibai te desafía a elegir, pero no te preocupes. Al final no hay ninguna disyuntiva. Naturaleza y cultura se funden. No podrás evitar que estos dos mundos se te hagan presentes con cada giro de la biela. Urdaibai es un territorio donde la geografía y la historia se encuentran en cada curva. Frena, siente la escena.

 

Marisma y humedal: el corazón

El centro vital de Urdaibai es su ría, el estuario formado por la desembocadura de los ríos Oka y Golako, que se abre al mar en Mundaka y Laida. La magia de este lugar radica en la marea. Si la recorres por la mañana, puedes encontrar un espejo de agua reluciente, que refleja el cielo de forma casi irreal. Unas horas después, la marea baja transforma el paisaje en un laberinto de fango rico, palpitante y habitado. La bici te puede ayudar a acompañar este ciclo. Por ejemplo, la ruta que va desde Gernika a Sukarrieta es, en gran parte, amable y plana, perfecta para la toma de contacto. Pedaleas junto a carrizales, sintiendo la humedad salobre, casi dulce, del aire.

Así pues, siente el color. ¿Marea alta? Azul profundo, gris acero, verde oscuro. El agua reflejada es el principal color. Las marismas y los fangos están sumergidos. El color se vuelve más oceánico y uniforme. ¿Marea baja? Marrones, rojizos, negros y ocres. Lo terroso gana terreno. El color dominante es el de los limos (barros y sedimentos) cargados de materia orgánica y óxidos de hierro. Se ven las venas de agua que drenan el fango, creando un contraste fantástico con el cielo.

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En Axpe podemos hacer una parada primero en la Ekoetxe, con su exposición permanente para entender mejor la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Un poco más adelante podemos disfrutar de BBK Klima, un parque experiencial cuyo objetivo principal es la sensibilización ambiental y la educación sobre el cambio climático a través del ocio y la participación activa. Su oferta de servicios es muy variada y se estructura principalmente en torno al ocio familiar, la educación y la movilidad sostenible. Buen sitio para la chavalería: tirolina, rocódromo, gymkanas, escape room o experiencias inmersivas, como el Domo Geodésico 360 grados. Y en verano, piscina y un parque de chorros de agua (splash park). Además, hay que añadir la oferta educativa y de eventos y cultura. Ah, y alquilan bicis eléctricas.

 

De cuevas y bosques: la memoria profunda

Dejamos atrás la llanura de la marisma. Nos decidimos por ir a la búsqueda de la memoria profunda de Urdaibai. Aquí, la bici se convierte en una máquina del tiempo que te transporta del siglo XXI al Paleolítico en apenas diez kilómetros. Pedaleamos hacia Kortezubi y las cuevas de Santimamiñe. Aunque la cueva original, con sus pinturas milenarias, está cerrada para su conservación (se visita su impresionante réplica), el entorno ya te habla de tiempos inmemoriales.

Pero si hay un lugar donde la naturaleza te da un abrazo artístico, ese es el Bosque Pintado de Oma. Aunque el original de Agustín Ibarrola está en proceso de recuperación, la esencia y la réplica de sus "ojos" y figuras pintadas en los árboles siguen allí, cerca de Kortezubi. Pedalear por estos senderos secundarios, bajo la bóveda de hayas, robles y pinos, es como entrar en una galería de arte natural. Es un camino ideal para bicis de gravel o de montaña, donde los neumáticos trabajan un poco más, pero la recompensa visual es inmensa. Siente los árboles, que te dé vergüenza. Tócalos, habla con ellos.

 

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Allí cerca queda también el Centro de Observación de Aves de Urdaibai Bird Center, otro punto clave en la ruta. Parada obligada. No por cansancio, sino por respeto. ¿Has visto esa pareja de espátulas (unas aves blancas de pico largo y aplanado) descansando? Haz lo mismo. Descansa. Apoya con cuidado tu bici para que no haga ruido. Puede ser buena idea llevar unos pequeños prismáticos, ¿no? Observa a estas viajeras que han recorrido miles de kilómetros. Por un momento nos podemos sentir intrusos. Hay que mostrar respeto en el hogar de estas aves. ¿Cómo comparar nuestra ruta con la de ellas? El slow biking consiste precisamente en esto: en detenerse y entender que hay ritmos tanto o más importantes que el tuyo.

Árboles, árboles por todas partes. Aquí, la conexión con el roble es profunda. Es símbolo de libertad y orgullo, también de longevidad y firmeza, de arraigo. Y no solo eso. Barcos y baserris (caseríos) han presumido de roble. No solo roble, también la encina tiene presencia. Los montes que nos rodean ofrecen tramos de subida. Justo lo necesario para ganar estupendas vistas panorámicas del estuario al coronar.



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Pueblos con carácter

Después de la introspección en el humedal y el bosque, llega el momento de la vida, del ruido de los vasos y los platos, del olor a pescado fresco. Por qué no pedalear por sus pueblos. La historia continúa viva en cada esquina, en cada conversación. Cada pueblo atesora su propia idiosincrasia, guarda secretos, llora sus tragedias y celebra sus fiestas.

 

Gernika-Lumo: orgullo y tragedia

Es una referencia fundamental para sentir Urdaibai y un lugar de visita obligada. Gernika no puede olvidar su pasado. El trágico bombardeo, cuya memoria, por supuesto, es omnipresente y obliga a una pausa reflexiva. Pero Gernika es también el corazón político e histórico de Bizkaia. Y es el Último Lunes de Octubre, quizá la feria agrícola y festiva más importante y multitudinaria del País Vasco. Hablamos de cinco sentidos, ¿no? Date el gusto de saborear queso Idiazabal, txakoli de Bizkaia, pimientos y alubias, o el omnipresente talo (tortilla de maíz). ¿Más ambiente festivo? Gernika es, también, cómo no, su Jai Alai, el templo de la cesta punta.

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Vente con la bici hasta el entorno del Árbol de Gernika y la Casa de Juntas. Tu máquina es símbolo de movimiento y libertad. El Árbol de Gernika, este roble centenario, es símbolo de paz y resiliencia vasca.

 

Bermeo: el olor a mar y a salitre a la sombra de Sollube

Nos volvemos hacia la costa y llegamos a Bermeo. El puerto, Bermeo es el puerto. Y el pescado. Y las conserveras. Todo en un proceso de transformación económica y social muy complejo. Las casas, de colores vivos, estrechas y altas, se agrupan alrededor del muelle. Casas a un lado, barcos a otro. El ambiente aquí es vibrante y auténtico. La Torre Ercilla es quizá el edificio civil más notable de la villa. Esta torre defensiva y gótica (siglo XV) es hoy sede del Museo del Pescador (Arrantzaleen Museoa), dedicado a la vida y al arte de la pesca vasca. Es un excelente lugar para entender la cultura marítima local.

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Pero Bermeo para un cicloturista es lugar de paso hacia Sollube. Porque este puerto es sinónimo de Itzulia (la Vuelta al País Vasco). Cogió, además, protagonismo al formar parte de la segunda etapa del Tour de Francia 2023. Sin embargo, Sollube, allá por los años 50 del siglo pasado, era, sobre todo, el testigo de los enfrentamientos entre Loroño, el héroe local, y Bahamontes. Ahora que dejamos atrás 2025 (año del centenario del nacimiento de Loroño), es un estupendo momento para acercarse hasta la placa en su homenaje. Un recuerdo para el León de Larrabetzu.

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Mundaka: el santuario de la ola

A solo un golpe de pedal de Bermeo, Mundaka es un pueblo pequeño, pero con fama internacional. Su mítica ola de izquierdas es una de las mejores del mundo. Esto le da un ambiente diferente. No estamos en Australia ni en California, no estamos en las Landas francesas. Hemos llegado a un auténtico pueblo surfista en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai.

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Es fácil encontrar la conexión. En la retina aparece enseguida la imagen de esa chica joven que pedalea en su bici con los acoples necesarios para cargar su tabla. La bici y la tabla de surf, una bonita comunión. Vente, que está atardeciendo, nos espera la magia visual de Santa Catalina. Su orientación y la vista despejada al noroeste lo hacen posible. Desde la pequeña península en la que se ubica la ermita y que sobresale de la costa, sobre todo en los meses de primavera y verano, el sol se oculta directamente sobre la línea del Cantábrico. Silencio.

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Elantxobe y Laga/Laida: un final diferente

El tramo entre Mundaka y la playa de Laida te ofrece dos posibilidades: pedalear unos veinte kilómetros para bordear la marisma o, si estás por aquí en verano, usar el barco que “hace el corte de la ría”. Por tierra o por mar, desde Laida vamos a seguir la línea de costa hacia otra playa, la de Laga. Laga y Laida son las dos grandes lenguas de arena de Urdaibai. Dejar la bici apoyada en la arena, quitarse el maillot y darse un baño rápido en el mar Cantábrico es una de las mejores sensaciones de esta ruta. Es purificación, es reinicio. Es el preámbulo adecuado para acercarnos hasta Elantxobe.

Elantxobe es un pueblo marinero colgado del acantilado. Parece que se va a caer al mar. Hay que bajar con cuidado. Sí, claro, luego tendremos que subir. La recompensa es la vista del puerto, minúsculo y protegido. Si en Gernika cuentan con el Último Lunes de Octubre, aquí disfrutan del Madalen Eguna (día de Madalenas). Es una celebración marinera tradicional que, cada 22 de julio, conmemora una antigua disputa entre Bermeo y Elantxobe por la Isla de Ízaro. En el marco de una romería marítima multitudinaria, el acto simbólico clave es el lanzamiento de una teja en la isla por Bermeo. Así reafirma su propiedad. Mientras las gentes de Mundaka, Elantxobe y Bermeo, vestidas de azul mahón, disfrutan de la fiesta y de la entrega simbólica de la makila (bastón de mando) al alcalde de Bermeo en Elantxobe.

 

Rutas y logística para este cicloturismo de cinco sentidos

Una inmersión de este calibre requiere planificación, pero no obsesión. El encanto de Urdaibai está en lo que encuentras cuando te pierdes, no en seguir un GPS al milímetro.

 

Equipamiento ideal

Lo primero es disipar mitos: no se necesita una bicicleta de carbono de 6 kilos. Por supuesto, puedes llevarla y disfrutar de las rutas de carretera más exigentes. Desde nuestra revista, en cambio, proponemos alternativas al alcance de la gran mayoría de cicloturistas. Urdaibai, con sus carreteras secundarias en el interior y sus tramos de costa con vistas fabulosas al Cantábrico, es el terreno perfecto para que te sientas a gusto con tu forma de pedalear. Buena parte del encanto está en poder salir del asfalto cuando una pista forestal te llama. ¿Gravel? Por supuesto, con unas cubiertas de 40mm, sin problemas. Ya ves, lleves la bici que lleves, Urdaibai te acepta. Si acaso, mejor no olvides un buen chubasquero. Estamos en el Cantábrico, el clima cambia rápido.

 

Rutas para todos los gustos

En la web de Urdaibai Bike Reserve dispones de un amplio catálogo de 26 rutas ciclistas clasificado en tres perfiles (urbanas y familiares, BTT y carretera), asegurando opciones adecuadas para distintos niveles de habilidad y preferencias. Además, cuentas con toda la información necesaria respecto a transporte y alojamiento.

Las rutas urbanas y familiares son un destino ideal para excursiones en bici con niños de todas las edades, ya que son 4 rutas sin desniveles ni dificultades técnicas. Estos recorridos emplean caminos asfaltados, carriles bici y pasarelas. Las rutas por carretera incluyen 16 itinerarios diseñados para el ciclista que busca desafíos. Se dividen en tres niveles de exigencia e incluyen tramos por donde transitó la Grand Départ del Tour de Francia 2023. Permiten ascender puertos míticos, como el Monte Oiz o Sollube. Para quienes prefieren la montaña, las rutas BTT ofrecen 6 recorridos que atraviesan hayedos, robledales, dólmenes, puentes medievales, antiguas necrópolis romanas y montes míticos de Bizkaia.

 

Ese lugar Imprescindible: San Juan de Gaztelugatxe

Lo hemos mencionado al principio, pero no podemos hablar de la costa sin mencionar este lugar icónico. Aunque técnicamente es la puerta de Urdaibai, es el desvío que lo justifica todo. El acceso a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe es una lección de humildad ciclista. La bici no es el medio adecuado. Las 241 escaleras lo dejan claro.

La vista del zig-zag de piedra es épica. Y la sensación, al llegar a la cima y hacer sonar tres veces la campana, no solo ahuyenta a los malos espíritus, sino que también borra el recuerdo de los kilómetros más duros por Urdaibai. Otra cosa es que hayas llegado hasta aquí por la curiosidad que te despertó conocer la fortaleza de la Casa Targaryen y el trono de Daenerys Targaryen. Cosas de los tiempos modernos.

 

El regreso al origen

Llegué de vuelta a Gernika con el sol de la tarde. Varios días de pedaleo lo habían cambiado todo. Urdaibai es un destino perfecto para desconectar del cronómetro, de Strava y de la velocidad. Y admito también la paradoja de que no renuncies a este estilo. Pero nuestra revista lo entiende como ese lugar ideal para reconectar con el ritmo natural. Aquí, la medida del éxito no es el promedio de velocidad, sino la cantidad de veces que te detuviste para escuchar el canto de un pájaro o para contemplar cómo la marea se comía la playa.

Urdaibai te enseña la importancia del equilibrio: el equilibrio entre el ruido de las olas y el silencio del bosque, entre la historia dolorosa y el presente vital. Es una lección de humildad ante la naturaleza. Y aprendes que la mejor marcha que puedes llevar en la bici no es la que te hace ir más deprisa, sino aquella que te permite detenerte cuando la vida te regala algo extraordinario.

Ver, oír, tocar, oler, degustar. Urdaibai.

 

 

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