Mujeres y larga distancia: el reto que engancha
Ha pasado más de un siglo desde que Tillie Anderson, una costurera de Chicago, se compró una bici y con sus 18 años se inscribió en su primera competición de ciclismo de larga distancia conquistando el primer premio. En ese momento, despegó una brillante trayectoria en la que acumuló más de 123 victorias. Desde entonces, miles de mujeres empeñadas en hacerlo suyo abrieron una fisura —que luego fue una puerta— en el ciclismo de competición y consiguieron que este espacio fuese un lugar en el que las mujeres también tenemos mucho que contar y demostrar. Por eso, en esta tercera entrega, en la que abordamos las heterogéneas competiciones de larga distancia, recogemos las voces de algunas mujeres ciclistas, dignas sucesoras de Anderson. Ellas nos ofrecen relatos vibrantes, en primera persona, que nos permiten conocer todo lo que han vivido en estas pruebas, cómo empezaron y por qué es tan adictiva esta modalidad.
Estas carreras son para toda máquina de libertad: las hay para bicicleta de carretera, de montaña o de gravel, en formato de autosuficiencia o con apoyo, pero todas ellas requieren una notable fortaleza interior y una sobresaliente actitud vital de lucha, temple y capacidad de posponer la recompensa, cualidades que nuestras avezadas protagonistas poseen.
Entre esas pruebas nos encontramos con la especialidad de ultrafondo que practica Ziortza Vila, recientemente proclamada subcampeona del mundo en 12 horas contrarreloj; o con pruebas de gravel bikepacking como la Basajaun de la que nos habla Pili. Vivencias extraordinarias que reflejan una misma pasión: la capacidad de las mujeres ciclistas para transformar el esfuerzo en una experiencia de superación y verdadera autonomía. Te dejamos con ellas:
Ziortza Vila, 42 años, Bizkaia
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Como su nombre indica, la ultradistancia dentro del ciclismo es la modalidad que engloba las pruebas de larga distancia en este deporte. En el ámbito competitivo hay un amplio calendario internacional regulado por la World Ultra-Cycling Association (WUCA). En él existen carreras por tiempo —donde la clasificación se establece según los kilómetros recorridos en un determinado periodo— y carreras por distancia, que atraviesan o rodean regiones e incluso países, estableciendo la clasificación según quien complete el recorrido en menor tiempo.
En mi caso particular, siempre fui una deportista de fondo y, aunque pude vivir el ciclismo profesional en carretera, evolucioné hacia esta disciplina de una manera natural. Fui encontrándome más cómoda en distancias largas y, tras ganar el Campeonato de España absoluto de 24 horas en todas las ediciones celebradas, comencé a competir a escala internacional. Tengo el récord de España absoluto femenino de 24 horas, con 740 km realizados en el circuito Ricardo Tormo de Cheste en 2017.
Después de más de una década dedicada a la disciplina, he logrado cuatro campeonatos de Europa en las carreras de 12 y 24 horas y dos subcampeonatos, además de algunas victorias en pruebas de la Copa del Mundo de ultrafondo. He participado en el Campeonato del Mundo de 24 horas en seis ocasiones, obteniendo el cuarto puesto en dos de ellas (2018 y 2022).
En 2018 obtuve reconocimiento internacional al batir el récord femenino del Camino de Santiago, completándolo en 34 horas y 20 minutos. En 2022 llevé el testigo del Tour de Francia a Euskadi junto a Julián Sanz, recorrimos 1.016 km en menos de 48 horas. Además, en el calendario no competitivo he realizado brevets de todas las distancias en España y, en 2023, completé la PBP (París-Brest-París, Francia).
Una de las características de estas pruebas es que hombres y mujeres las realizamos a la vez y con el mismo reglamento, por lo que se trata de una modalidad deportiva igualitaria en su base. En cuanto a la participación, hay que tener en cuenta que es una especialidad minoritaria y con poca repercusión dentro del ciclismo; y aunque la participación femenina va en aumento, aún no llega al 10 %.
Sin lugar a duda, los resultados de las mujeres están mejorando y, como ocurre en otros deportes de fondo, es habitual que nosotras ocupemos los primeros puestos en las clasificaciones generales.
Hoy puedo realizar un amplio calendario competitivo gracias a un proyecto deportivo apoyado por patrocinadores que lo hacen posible, pero el camino no ha sido fácil. Si ya supone un reto acabar en tiempo una de estas pruebas, hacerlo buscando rendimiento y compitiendo con las mejores especialistas requiere una exhaustiva preparación y mucha dedicación.
Estoy muy contenta de hacer lo que me hace feliz. Me motiva ver cuanto he progresado en la disciplina. Y tengo ilusión por seguir rompiendo límites. Me gusta comprobar que las mujeres vamos superando barreras y ocupando el lugar que nos corresponde también en el deporte.
Para iniciarse en la disciplina existen muchas posibilidades dentro del calendario no competitivo, con distancias más asequibles y menor desnivel. Aun así, hay que tener en cuenta que es una modalidad extrema que requiere preparación y experiencia para disfrutarla sin poner en riesgo la salud.
Pilar Rodríguez, 59 años, Álava
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Mi primera experiencia de ultradistancia en bicicleta fue la Basajaun: 800 km de gravel duro. La hice acompañada de una amiga y, aunque salimos con muy poca fe en nuestras posibilidades, conseguimos no solo superar el reto, sino convertirlo en una experiencia muy bonita.
Con ese buen recuerdo, y unos pocos años después, decidí que la Kromvojoj podía ser un reto muy interesante también. El hecho de que participasen mujeres fantásticas que conocía me animó definitivamente a apuntarme. Necesitaba esa sensación de aventura que me aporta ese “salir y llegar” y buscarte la vida entre medias; esa desconexión con el día a día.
Encontrarte y compartir ruta con otros ciclistas, descubrir nuevos paisajes, nuevas sensaciones, y recordar que estas cosas solo se dan cuando el esfuerzo es tan grande. Me encanta la satisfacción del reto conseguido, pero para mí el mejor momento es cuando das las primeras pedaladas con la incertidumbre de lo que te espera. Ese momento es genial.
Dolors Alabau, 53 años, Barcelona
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Hice la Kromvojoj gracias a mi amiga María Dolores Bielauta, que es mi compañera de fatigas en muchas salidas y fue quien me lió, por así decirlo. Yo no sabía ni que existía esta prueba. Estuve entrenando aproximadamente un año, algo más intensamente, pero sin entrenador: me preparé yo misma, y tampoco a conciencia, la verdad.
Tengo muchas salidas acumuladas por mi cuenta o con el club de mujeres al que pertenezco, el Apiño Fic de Cambrils. Aun así, iba sin mucha seguridad de poder acabarla, ni con demasiada ilusión, porque no era un proyecto que me motivara especialmente.
Las sensaciones de los dos o tres primeros días no fueron muy buenas. Me repetía a mí misma que todo era un rollo, porque tienes la presión de estar haciendo cada día una ruta durísima físicamente. Fue muy dura: pasamos calor, sueño, fatiga… de todo. También una lucha mental importante, porque es una prueba que te lleva a los límites físicos y mentales.
El aspecto físico lo llevo medio bien, porque tengo la suerte de disfrutar del sacrificio. Soy exigente y me gusta llevar el cuerpo al límite. La parte mental también creo que la tengo bastante dominada, sobre todo en los retos que me apasionan. En la Kromvojoj incluso llegué a pensar en dejarlo porque no me motivaba, aunque sabía que podía acabarla. Pero luego le fui cogiendo el tranquillo de ir día a día y disfruté muchísimo la zona de montaña, que es lo que más me gusta de la bici.
La parte de Francia, la más dura y exigente, la disfruté especialmente. Me aportó todo tipo de sensaciones: reír, llorar, enfadarme, momentos de ira, de gloria… Es un cúmulo constante de emociones que no te dejan indiferente. Es muy difícil explicarlo con palabras. Es un sacrificio que te quita mucho, pero también te aporta mucho. Vale la pena.
Al final, cuando acabé, tenía una ilusión tremenda. Me esperaban las compañeras allí, fue muy emocionante y gratificante. Saber que mi compañera de fatigas la terminó el mismo día y pudimos celebrarlo juntas fue una pasada, de verdad.
Núria Escuer, 69 años, Barcelona
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Mi iniciación en la larga distancia fue a través de las marchas cicloturistas. Mi primer recorrido de 200 km lo hice en la marcha de Guissona. Después fui haciendo otras más conocidas, en concreto, la Quebrantahuesos, la Marmotte, la Milán–San Remo, la Lieja–Bastoña–Lieja o la Maratona de los Dolomitas. Son marchas con gran desnivel de ascensión, entre 4.000 y 5.000 metros, todo un reto para mí, que empecé a acudir a este tipo de eventos ya con 40 años.
En aquella época no era fácil encontrar información sobre esas marchas: nos informábamos a través de revistas francesas o italianas, porque en España casi no se conocían.
También había hecho salidas largas con amigos: íbamos de Vilanova i la Geltrú a Andorra y al día siguiente volvíamos, o a Zaragoza, Vinaròs, Morella…Para entrenar hacíamos rutas de muchos kilómetros.
Después empecé a hacer también alguna más de tipo randonneur, por ejemplo, la Barcelona–Perpiñán–Barcelona, de 600 km. También participé en la Trondheim–Oslo, quizá la más larga que había hecho, con 540 km. Cuando la terminé recuerdo que dije: «Uy, esto ya es lo más largo posible que puedo hacer».
¿Por qué me apunto a pruebas de larga distancia? Diría que hacer kilómetros es una forma de viajar en bici, de pasar por territorios distintos. Es algo que siempre me ha gustado. Con la edad ves que en algunas marchas se va muy rápido y yo ya no tengo esa velocidad, ni el cuerpo me pide ir así; te machaca mucho.
Sigo teniendo ganas de continuar en la bici, pero a un ritmo más pausado: más horas, más kilómetros, bastante desnivel. Este tipo de pruebas me da la oportunidad de hacer lo que siempre me ha gustado y aprovechar los años que me quedan para seguir viviendo aventuras de este tipo.
Lo que más me gusta es prepararlas: los entrenamientos, la planificación del material, lo que llevarás, los recorridos, la estrategia… No es solo la aventura mientras la vives, también lo es la preparación y la satisfacción de haberla completado.
He aprendido que hay que elegir bien las pruebas a las que te apuntas, que sean accesibles a tus condiciones. Si los tiempos son muy ajustados o superan tus posibilidades, puedes decepcionarte al no poder terminarlas.
A quienes se inician, recomiendo que lo hagan de manera progresiva: no lanzarse a algo de larga distancia sin estar preparadas, porque puede superarte. Y mucho mejor hacerlo en compañía, dejándote asesorar por mujeres que ya han participado; su experiencia siempre es un grado.
Y, sobre todo, te tiene que gustar mucho la bici para hacer estas cosas. Yo diría que todos los que probamos la larga distancia estamos un poco locos por la bicicleta.
Como ves, la mayoría somos mujeres que ya superamos los 40 años. A esa edad somos más lentas si no trabajamos la fuerza y la velocidad, pero podemos desarrollar una gran resistencia física y mental.
Ahora —si te apetece— ya tienes toda la información para dar el paso hacia la larga distancia. Busca un grupo de mujeres cerca de tu localidad con las que puedas rodar kilómetros y kilómetros.
¡Te esperamos!















