Más allá de la competición, esta disciplina invernal se consolida en Bizkaia como una escuela de vida sobre dos ruedas donde el esfuerzo y la técnica se funden con la naturaleza
El ciclocross es mucho más que una modalidad deportiva que florece cuando el frío aprieta; es una filosofía de resistencia y adaptabilidad que define perfectamente el carácter de quienes pedalean por tierras vascas. Manu Gómez, presidente de la Federación Vizcaína de Ciclismo, y Manu González, seleccionador vasco de la disciplina, coinciden en que estamos ante una de las facetas más auténticas de la bicicleta. Lejos del asfalto y de la velocidad pura de la carretera, el ciclocross invita a mancharse, a entender el terreno y a desarrollar una pericia técnica que sirve para mucho más que para ganar una carrera. Es, en esencia, un aprendizaje continuo sobre cómo superar obstáculos, tanto físicos como mentales, en un entorno de compañerismo único.
Para Manu Gómez, la salud del ciclocross en Bizkaia vive un momento dulce, no solo por el nivel de sus federados, sino por la base social que sostiene cada prueba. El presidente subraya que esta disciplina es la base fundamental para cualquier ciclista que quiera disfrutar de la bicicleta durante todo el año. Al ser una actividad que se desarrolla en circuitos cerrados y entornos naturales controlados, ofrece una seguridad que la carretera ha ido perdiendo con el aumento del tráfico. Esta característica la convierte en la puerta de entrada ideal para la gente más joven y en un refugio para la de más edad que busca un estilo de vida activo sin los riesgos del coche. Además, fomenta un ambiente familiar donde el respeto por el entorno es la prioridad absoluta.
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Por su parte, Manu González, desde su visión como seleccionador, destaca que el valor del ciclocross reside en la polivalencia que otorga al individuo. No se trata solo de dar pedales con fuerza, sino de saber cuándo bajarse de la montura, cómo cargar la bicicleta al hombro y de qué manera leer las trazadas sobre el barro o la hierba húmeda. Esta riqueza de movimientos convierte al ciclista o a la ciclista en un deportista mucho más completo y ágil. Según González, el ciclocross enseña a gestionar la frustración y a mantener la calma bajo condiciones adversas, herramientas que son totalmente extrapolables a la vida cotidiana. La bicicleta se convierte así en un vehículo de crecimiento personal que va mucho más allá del cronómetro o del puesto en la clasificación.
La Federación Vizcaína trabaja intensamente para que el ciclocross no sea percibido como algo exclusivo de atletas de élite, sino como una fiesta del ciclismo de base. Manu Gómez insiste en que el objetivo principal es crear una estructura sólida donde la afición pueda acercarse a disfrutar del barro. La organización de las pruebas busca siempre ese equilibrio entre la exigencia del circuito y el disfrute de quien lo ve y quien lo pedalea. En el País Vasco, las carreras de ciclocross son eventos sociales, puntos de encuentro donde la comunidad ciclista se reúne para compartir experiencias bajo la lluvia o el sol, reforzando vínculos que el ciclismo individualista de largo recorrido a veces tiende a difuminar.
La técnica, uno de los pilares que defiende Manu González, es lo que diferencia a esta modalidad y la hace tan atractiva para el estilo de vida urbano actual. Al dominar la bicicleta en superficies inestables, se gana una confianza extraordinaria para los desplazamientos diarios o las salidas de ocio. El seleccionador recalca que el ciclocross obliga a una concentración total, a un diálogo constante entre el cuerpo y la máquina. Esta conexión es lo que genera esa sensación de libertad y control que tanto engancha a quienes lo prueban por primera vez. Es un ejercicio de "mindfulness" sobre ruedas donde el barro actúa como un elemento purificador que nos aleja del estrés cotidiano.
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Finalmente, ambos expertos coinciden en que el futuro de la bicicleta en nuestro territorio pasa por diversificar las experiencias y el ciclocross es el mejor ejemplo de esta evolución. Manu Gómez visualiza una federación que siga apostando por la formación y por eventos que primen la participación y la cultura ciclista sobre la mera rivalidad. Manu González, mientras tanto, sigue trabajando para que los valores de esfuerzo, humildad y técnica sigan siendo el sello de identidad de nuestros ciclistas. Al final del día, lo que queda no es el barro acumulado en el cuadro de la bici, sino la satisfacción de haber superado el circuito y la certeza de que, sobre una bicicleta de ciclocross, cualquier camino, por difícil que parezca, es transitable.
Los consejos prácticos de Manu González para quienes quieran iniciarse en el ciclocross
- Aprender a subir y bajar de la bici en movimiento con fluidez.
- Entrenar el transporte de la bicicleta al hombro de forma ergonómica.
- Practicar el trazado de curvas en superficies resbaladizas como barro o hierba.
- Ajustar la presión de los neumáticos para obtener máximo agarre en mojado.
- Mantener una cadencia de pedaleo constante para no perder tracción.
- Realizar ejercicios de equilibrio y agilidad a baja velocidad.
- Limpiar y lubricar la transmisión después de cada salida en el barro.















