Miércoles, 04 de Febrero de 2026 |

Flandes: un fantástico plan ciclista entre adoquines, barro y pasión

Pedro Vallejo Viernes, 30 de Enero de 2026

Aquí el barro es sagrado. El adoquín es historia y cada pedalada te sumerge en un ritual donde el coraje es la única religión posible.

La mañana de sábado otoñal en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai es de esas que se quedan grabadas en la retina. El aire fresco del Cantábrico nos golpea la cara mientras pedaleo junto a mi buen amigo Iñaki Barrenetxea. Estamos a la altura de la playa de Laga, un enclave idílico donde el verde de los montes vascos se funde con el azul del mar. Es en este escenario donde Iñaki rompe el silencio para contarme una llamada que recibió ayer: es Jamie Anderson, un amigo australiano que regenta un hotel exclusivo para ciclistas en el corazón de Flandes.

 

Iñaki no es un ciclista cualquiera; fue profesional en las filas del mítico equipo belga Tönissteiner - Colnago. Fue allí, entre inviernos gélidos y carreras de supervivencia, donde conoció a Jamie. Mientras recorremos el tramo que une las playas de Laida y Laga —una de las rutas más bellas de Bizkaia—, la conversación se tiñe de una nostalgia sana. Han pasado veinticinco años desde que Iñaki dejó aquellas tierras y, desde entonces, no ha vuelto a pisar el pavés flamenco. Me habla de Lovaina, de los entrenamientos infinitos y de ese deseo latente de volver a recorrer los sitios que forjaron su carrera. Enseguida el plan queda diseñado: este invierno buscaremos un fin de semana de Copa del Mundo de Ciclocross, visitaremos a Jamie y probaremos el circuito permanente “Sven Nys”. Flandes nos espera.

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El Hotel Flandrien: un santuario del ciclismo

 

Nuestra primera parada al aterrizar en Bruselas es el hotel de Jamie. Ubicado estratégicamente cerca de Oudenaarde, la ciudad donde el Tour de Flandes escribe sus páginas de gloria cada año, el Hotel Flandrien es mucho más que un alojamiento.

 

El término "flandrien" tiene un peso histórico inmenso. Se usó por primera vez para describir a los ciclistas de pista flamencos que cruzaban el Atlántico a principios del siglo XX para competir en las carreras de seis días en Estados Unidos. Eran hombres rudos, forjados en la necesidad, que luego dominaron las Clásicas de Primavera con una valentía suicida. A finales de los 70, llegaron los flandriens internacionales: australianos, irlandeses, daneses y británicos que buscaban la gloria en el fango de Bélgica. Uno de ellos fue el australiano Allan Peiper, cuya carrera se celebra hoy en las paredes del hotel a través de obras de arte e imágenes icónicas.

 

Hoy, Jamie nos explica que ser un flandrien no depende del pasaporte, sino de una mentalidad: es coraje, determinación y la capacidad de perseverar cuando el cuerpo dice basta. El hotel es el epicentro para los aficionados que acuden el primer domingo de abril para disfrutar de De Ronde (el Tour de Flandes). Para este 2026, la cita es el domingo 5 de abril, coincidiendo con Semana Santa. La víspera se celebra la versión cicloturista, un desafío que congrega a 16.000 valientes en recorridos que van desde los 75 hasta los 230 kilómetros, ascendiendo muros legendarios como el Koppenberg, Paterberg o el Viejo Kwaremont.

 

Jamie, el alma mater del proyecto, lleva coleccionando bicicletas desde sus días de competición en Bélgica. Su visión es clara: documentar la evolución tecnológica y de diseño desde mediados de los 80 hasta la actualidad. Hoy, su colección supera las 260 bicicletas, con unas 120 expuestas. Caminar por los pasillos es una experiencia religiosa para cualquier amante de las dos ruedas. Aquí descansan las máquinas de Fabian Cancellara, Alexander Vinokourov, Cadel Evans y, por supuesto, del ídolo local Tom Boonen. Retratos, cascos usados en batalla, bidones y zapatillas completan este museo vivo.

 

Pero Jamie no solo mira al pasado. En 2021 estableció el Programa de Becas Flandrien, una fundación que ayuda a jóvenes talentos, hombres y mujeres, a vivir y competir en Bélgica. Los becarios reciben alojamiento gratuito y apoyo logístico para integrarse en el exigente ecosistema del ciclismo belga. "¡Nos encantaría ver a más ciclistas hispanohablantes aquí!", nos dice Jamie con un brillo de orgullo en los ojos.

 

Amberes: historia, diamantes y el Escalda

 

Este sábado 20 de diciembre de 2025 amanece frío, pero vibrante. Estamos en Amberes, una ciudad que parece sacada de un cuadro flamenco y que hoy se prepara para un duelo titánico en el barro. Sin haberlo planeado, coincidimos con el primer enfrentamiento de la temporada de ciclocross entre el neerlandés Mathieu Van der Poel y el ídolo local Wout Van Aert.

 

Antes de dirigirnos al circuito, hacemos una parada obligatoria en el muro de Koppenberg. Iñaki recuerda cómo venía aquí cuando echaba de menos las cuestas de Bilbao. Al verlo en persona, la inclinación del 22% impone un respeto casi sagrado. Hasta el mismísimo Eddy Merckx tuvo que poner pie a tierra en 1976. En este estrecho camino empedrado que sube hacia la ermita, si el corredor de delante falla, tú también caes. Arrancar en ese pavés inclinado es físicamente imposible; hay que cargar la bici al hombro y correr, perdiendo unos segundos que en meta son una eternidad. Es la montaña que ha descabalgado a más profesionales que el Tourmalet o el Stelvio. Hacemos una reverencia y seguimos camino.

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Amberes ofrece mucho más que ciclismo. De la mano de nuestro guía, Luc Horions, visitamos el museo Plantin-Moretus, el único museo del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aquí se conservan las prensas de impresión más antiguas del planeta. En 1555, Christoffel Plantin imprimió su primer libro, y para 1571, Felipe II de España le concedió la exclusiva para los libros litúrgicos de todo el imperio. En una época donde la Iglesia controlaba la cultura, esta imprenta era el epicentro del saber. "En cinco años imprimió 52.000 ejemplares", nos cuenta Luc.

 

Pasear por Amberes es recordar que, en el siglo XVI, solo París la superaba en importancia en Europa. El 40% del comercio mundial pasaba por su puerto. El río Escalda era una arteria por la que fluían especias de Asia, textiles ingleses y el oro de América. Hoy, ese legado perdura en el Barrio de los Diamantes, un kilómetro cuadrado donde se mueve el 80% del negocio mundial de estas piedras preciosas, generando más de 40.000 millones de euros anuales.

 

Caminamos por la Plaza del Mercado de los Viernes, que se celebra desde 1540, y descubrimos la concha del Camino de Santiago en el suelo. Por aquí pasa la Vía Brabántica hacia Bruselas. Nos perdemos en el Vlaeykensgang, un laberinto de callejones de 1591 que estuvo a punto de ser demolido para construir un parking en los años 60 y que hoy es el rincón más exclusivo de la ciudad, frecuentado por figuras como Robert de Niro o Madonna. Finalmente, contemplamos el Ayuntamiento, donde el escudo de Felipe II nos recuerda la profunda conexión histórica entre Flandes y España.

 

Un día en las carreras: el espectáculo del ciclocross

 

Con la película de los Hermanos Marx en la retina, nos preparamos para una jornada inolvidable. Llegar al circuito de la Copa del Mundo implica que debemos cruzar el Escalda. No hay puentes debido al intenso tráfico de barcos de gran calado, así que utilizamos las escaleras mecánicas de madera de 1933, una joya de la ingeniería que sigue intacta, o el ferry gratuito.

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El ambiente es indescriptible. Se han vendido 15.000 entradas. Miles de personas han llegado en bicicleta, llenando un parking inmenso. En Flandes, el ciclocross es una fiesta nacional. Familias enteras, con abuelos y nietos, se reúnen en torno a una carpa gigante donde un DJ pincha tecno mientras el olor a patatas fritas y salchichas lo inunda todo. No falta tampoco la cerveza: Bélgica es un país con más de 1.500 marcas para elegir. El ambiente se caldea, mientras el público espera a sus héroes.

 

En la carrera junior, el cántabro Raúl López se lleva la victoria, dándonos una alegría inesperada. En féminas, las neerlandesas imponen su tiranía ocupando los cuatro primeros puestos. Pero a las 15:10, el silencio se apodera del recinto. Es el turno de los hombres. Es el turno del eterno duelo entre Van der Poel y Van Aert.

 

Desde la primera pedalada, Mathieu Van der Poel impone un ritmo asfixiante. A su paso por las zonas de arena, el público guarda un silencio de absoluto respeto; están viendo al mejor de la historia en esta disciplina. Detrás, el grupo perseguidor con Wout Van Aert desata la locura. La gente golpea las vallas, agita banderas con su rostro y grita hasta quedarse sin voz, intentando empujar a su ídolo para que cierre el hueco con la locomotora neerlandesa.

 

Tras cuatro vueltas, la hazaña se antoja imposible. Van der Poel vuela sobre el barro. Wout, exhausto por el esfuerzo de la persecución, termina cediendo y cae al séptimo puesto, pero la afición no deja de animarle ni un segundo. El español Felipe Orts firma una duodécima posición magistral. Al caer el sol sobre el Escalda, entendemos por qué esta disciplina es religión aquí: es una mezcla de agonía física, habilidad técnica extrema y una comunión inigualable con el público.

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El Centro Sven Nys: la fábrica de talentos

 

Nuestra siguiente parada es Tremelo, a 20 kilómetros de Lovaina. Aquí, la leyenda Sven Nys ha transformado un antiguo circuito de motocross en el centro de tecnificación ciclista más completo de Europa. El edificio principal alberga oficinas, duchas, una tienda especializada y una brasería que funciona como museo. Pero lo verdaderamente impresionante está fuera: rutas de carretera, gravel y MTB diseñadas con un código de colores (verde, azul, rojo y negro) similar al de las estaciones de esquí. El acceso es abierto, permitiendo que cualquier aficionado use las mangueras de limpieza, el taller o las duchas.

 

¿Cómo se mantiene un centro así? "Aquí entrenan las mejores escuelas de Europa", nos explican. Durante el verano, clubes de Francia, Holanda e Irlanda pasan semanas enteras concentrados. La Academia Sven Nys no busca el rendimiento inmediato, sino la alegría de pedalear. Su pirámide de entrenamiento empieza con los campamentos vacacionales para niños, pasa por los Golazo Young Lions (técnica y competición junior) y culmina en los Baloise Glowi Lions, el equipo de élite donde destaca Thibau Nys, hijo de Sven y actual campeón belga. Es un sistema perfecto que asegura que el relevo generacional nunca se detenga. Si tienes una escuela y quieres venir, debes estar atento: las plazas para todo el año se agotan en apenas tres días tras abrir las inscripciones.

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Lovaina: el refugio de la sabiduría

 

Terminamos nuestro viaje en Lovaina, la ciudad universitaria por excelencia y de la que puedes encontrar referencia detallada en los números 19 y 20 de nuestra revista. Al ser diciembre, la ciudad está engalanada para la Navidad. El vino caliente se sirve en cada esquina y, curiosamente, encontramos un puesto de productos catalanes que vende salchichón y salami. El ambiente es joven, vibrante, con bares de música en directo y las terrazas del Oude Markt —conocido como el bar más largo del mundo— llenas a rebosar.

 

Nos acercamos a la Biblioteca de la Universidad Católica, fundada en 1425. Su historia es el reflejo de la tragedia europea. En agosto de 1914, las tropas alemanas le prendieron fuego, destruyendo cientos de miles de manuscritos medievales e incunables. El mundo quedó horrorizado ante semejante acto de barbarie cultural. Se reconstruyó con donaciones internacionales, solo para volver a ser reducida a cenizas en 1940 durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Hoy, reconstruida de nuevo en todo su esplendor flamenco, alberga 1,5 millones de libros. Subimos a la torre, donde una exposición fotográfica narra estos episodios de destrucción y renacimiento. Desde el balcón, Lovaina se extiende a nuestros pies. Es, sin duda, el punto más alto que hemos alcanzado en todo el fin de semana.

 

El Regreso

 

Mientras nos preparamos para volver, Iñaki y yo ya estamos mirando el calendario para el 5 de abril. Queremos ver a Tadej Pogačar, el caníbal moderno, enfrentarse de nuevo a estos muros. Flandes nos ha recordado que el ciclismo no es solo un deporte; es un hilo conductor que une la historia, la arquitectura y una pasión popular que no entiende de frío ni de barro.

 

Si alguna vez has soñado con sentir el traqueteo del pavés bajo tus ruedas o el clamor de una multitud en una duna de arena, no lo dudes. Flandes no es solo un viaje; es el lugar donde el ciclismo se hace eterno.

 

Códigos QR para incluir

Flandes en bici: https://www.flandesenbici.com/

We Ride Flanders: https://werideflanders.com/en/

Flandrien Hotel: https://flandrienhotel.com/

 

¡Bonus track! Accede a los tres artículos anteriores que hemos publicado sobre Flandes en nuestra revista

https://drive.google.com/file/d/1h2aaX2Y1oh_7qeexl9fNSkBnn58OTE_7/view?usp=sharing

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