Estamos en Balutia, una aventura ciclista en autosuficiencia que rescata la historia y esencia de un territorio sin fronteras y con pasado. O viceversa. Entre pedales y leyendas, David nos muestra cómo el ultraciclismo puede ser una puerta a la cultura y al descubrimiento personal.
Suena el móvil y David Molina Grande se excusa con la mirada. Al otro lado está su madre. Le transmite, con voz parsimoniosa, sin darse importancia, como hacen las madres, que ya tiene un nuevo dibujo. Se trata de la cónica e icónica recreación del Cerro Masatrigo, en la comarca de La Serena. Se despiden y David M. “Grández” muestra orgulloso el vídeo de su madre, con manos firmes y exquisitas, dando las últimas pinceladas a la acuarela de la rotonda más grande de Europa, por donde discurre la aventura que se trae entre manos.
El mapa ilustrado de Balutia es un ejemplo del nivel de detalle y mimo con que David Molina, protagonista de este reportaje, está confeccionando este proyecto de autor. Casi como un orfebre que se ha fajado en el ciclismo de larga distancia por media Europa para traer a la frontera invisible de una tierra legendaria a un centenar de quijotescas ciclistas en este próximo mayo de 2026.

Citamos a David en bicicleta, para no andarnos con rodeos. Vamos a su encuentro camino de Pozoblanco, como cantaba Camarón, partiendo de la ciudad del Califato. Y nos asalta, esbozado como un bandolero, a pocos metros de la cumbre de la Chimorra, en las rampas que ascienden desde el Guadalbarbo.
El olivar de montaña aguarda sigiloso su turno para ser ordeñado a varazos. Colina arriba, los fardos de aceitunas viajan sin demora hacia la almazara para convertirse en el más delicioso oro, fruto de una tradición milenaria. Es un frío atardecer en el corazón de Sierra Morena y los olivos silvestres se aferran a las colinas, confeccionando un paisaje en serio peligro de extinción.
Tras el abrazo de recibo, con la tarde ya en fuga, tomamos la carretera en dirección a Pozoblanco, donde David se instaló hace ya unos años después de haber sido monaguillo antes que fraile, músico, vivir deprisa y aprender latín. En su pueblo, David hilvana sus días entre el ordenador, la COVAP y la bicicleta. Ha dejado atrás el jaleo de la ciudad, una auténtica declaración de intenciones en tiempos de despoblación rural, para convertirse en uno de los principales adalides del cicloturismo del norte de Córdoba.
La conversación es un torbellino de entusiasmo. Entrevistador y entrevistado tienen que disciplinarse y tirar de guión para no acabar perdidos en las docenas de temáticas laterales que van surgiendo. Entretanto, llegamos a casa de David, sobriamente decorada con referencias al ultraciclismo y a la música indie, desde la Transibérica a Sr. Chinarro, pasando por Badlands y, cómo no, Al-Ballut, el origen de todo. Y bicis, una de cada tipo.
Hace cuatro años, Jorge y David —compinches, amigos y secuaces recíprocos— iniciaron uno de los viajes más apasionantes de sus vidas sin apenas salir de casa. Porque viajaron hacia adentro: hacia las profundidades de su tierra, de su historia y de las huellas invisibles de un legado que cambiaría su mirada para siempre. Un viaje interior y de cero emisiones. El resultado fue Al-Ballut, del que ya hablábamos en el nº 25 de Andar en Bici, y la certeza de haber descubierto la puerta a un paraíso cultural e histórico que se han empeñado en difundir a los cuatro vientos. Y no es para menos.
Lo que empezó siendo el descubrimiento de un mero estrato histórico de su comarca, la bellísima de Los Pedroches, —con la dehesa de encina más grande de Europa, donde se vigoriza el preciado jamón del mismo nombre— terminó por convertirse en una de las rutas más populares de la península para el bikepacking y el cicloturismo. En parte gracias al clima benigno durante buena parte del año, la gastronomía y la suavidad de sus colinas.
Todo ello apoyado en una web preciosista y en el porfiar constante de estos dos amigos por colarse en cualquier foro en que se hable de ciclismo y de territorio.
Cualquier temática tiene su butaca en una conversación con David: desde la RAE hasta el Atlas, pedaladas oníricas en la oscuridad hasta la identidad o el sentimiento de pertenencia, o la música. En definitiva, un recorrido delicioso por Balutia, por los Pedroches, y por una forma de estar en el mundo forjada en equidistancia con las capitales. En una armonía silente, inconsciente, con pueblos vecinos que, aun viviendo de espaldas, comparten gastronomía, paisaje y hasta un mismo acento. Un acervo común que ahora cristaliza en Balutia y tiene en el cicloturismo su lenguaje natural.
Pasen y lean.
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Lo admitimos, David, en AeB nos fascina Al-Ballut y nos encanta la idea de Balutia. Todo un descubrimiento en cuanto a historia y cultura gracias a un proyecto ciclista. En tu caso, ¿cuándo escuchaste hablar por primera vez de Al-Ballut o de Balutia?
Buena pregunta, porque de pequeños no sabíamos nada. No se aprendía en el colegio. Es verdad que en los últimos ocho o diez años se empieza a hablar de ello: hay un club de triatlón con el nombre; o un grupo de folk, Aliara, que canta jotas tradicionales y una de ellas es "Fahs al-Ballut". Puede que sea el recuerdo más antiguo que tengo. Ahí aprendimos que significa "el llano de las bellotas". Nos pasa igual que con “Solia”, un yacimiento en la zona de El Guijo.
Ahí comenzáis a tirar del hilo y descubrís la magnitud de esta historia. ¿En qué momento os dais cuenta de que Balutia no se circunscribe única y exclusivamente a Los Pedroches, sino que incluye un territorio mucho más extenso?
El sentimiento de pertenencia puede tener muchas capas, por eso al principio nos ceñimos a los diecisiete pueblos de Los Pedroches, por cercanía y porque era manejable. Luego, gracias a Jorge que se inspiró en Montañas Vacías, y al trabajo del blog Región Balutia, vimos que Balutia incluía también el Valle del Guadiato, Alcudia o La Serena. A partir de ahí fuimos trazando el mapa de la Cora de Fahs al-Ballut. La idea siempre fue recorrerlo en bicicleta, que es la mejor manera de entender este territorio.
Jorge aportaba la cartografía, yo la fotografía y el diseño y Víctor la parte digital. Al principio todo nos resultaba “mu’ complicao”. Con el tiempo íbamos dándole forma, y hoy es una broma interna que usamos a menudo: “eso es mu’ complicao”.
Los ecos de Balutia, Turdulia y Beturia llegan hasta Creta. De todo ese pasado legendario, ¿qué permea en el concepto de Balutia que te traes entre manos?
La palabra "Balutia" es la castellanización de "Fahs al-Ballut," que significa "el llano de las bellotas". En cuanto a la conquista de Creta (que ocurrió después de la revuelta del arrabal de Saqunda del 818 d.C. y que tras la expulsión fundaron el barrio andaluz de Fez), es una historia que tiene tantas ramificaciones que me encanta, pero es fácil perderse para los que no somos expertos. Y lo que más me fascina de estos proyectos, creo que en eso coincidimos tú y yo, es que vas conectando historia, cultura y territorios, cualquier cosa. Sea lo que sea con la excusa de la bicicleta. Balutia consigue esto.
Por la Balutia en la que te has criado destacan las encinas y los olivos. ¿Qué hay de "valle" y qué hay de "pedregoso" para que se le llame el “valle de los Pedroches"?
La dehesa es un terreno de monte que el hombre ha modificado de manera tradicional para la agricultura. También hay grandes afloramientos de granito, que son el elemento tradicional de casas y calles y fachadas, como en Añora. Por eso hay dehesas en Al-Ballut que están llenas de piedras, hasta el punto de que los caminos son difíciles de transitar. En cuanto al término "valle", esto era una "guerra" constante con Jorge, que siempre insiste en hablar de “comarca”, ya que no hay ningún río. Sin embargo, “el valle de los Pedroches” es la marca. Quizá habría que llegar a un consenso por parte de los de aquí. O no, tampoco hace falta.
Jesús Vigorra, reputado periodista de Canal Sur y balutio, contaba que de jóvenes habían establecido una multa a quien dijera “valle de los Pedroches”.
Ja, ja, ja. No conocía la anécdota. Seguro que le gusta a Jorge. Al final, nosotros nos hemos habituado a hablar de la Comarca de los Pedroches.
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Han pasado más de tres años desde Al-Ballut, ¿cuánta gente crees que ha podido pasar por la ruta desde entonces?
No tenemos un contador preciso, pero aquí era difícil ver una bici de bikepacking, más allá de alguna persona que hace el Camino de Santiago. Ahora hay gente que nos cuenta que han visto a otros ciclistas. Hace una semana hubo un grupo de ingleses que había llenado un hotel y que estaban haciendo Al-Ballut. Ayer mismo diez con bolsas de bikepacking y esta mañana cinco saliendo del Hotel Zoom. Ni el contador de visitas de Google My Maps ni los waypoints son fiables, porque no todo el mundo lo registra. Mucha gente lo hace a su aire, sin dejar registro. Pero el aumento es significativo.
Al-Ballut está de moda. Y ahora llega Balutia, un spin-off de gran formato que es toda una apuesta por ampliar y consolidar el proyecto. ¿Síndrome del nido vacío?
No, para nada. Es como la música pop y el indie (ríe). En la bicicleta hay cabida para todo el mundo, desde la filosofía slow a la competición o las ultras. Y cada uno lo adapta a su estilo. Yo soy el brazo ultra de Al-Ballut y fui cocinando la idea por mi cuenta, aunque Jorge sigue muy de cerca lo que estamos desarrollando. Balutia es una evolución muy lógica del proyecto original, en la que estamos poniendo mucha ilusión para que el espíritu cultural y ciclista de Al-Ballut se expanda a todo el territorio histórico. Al-Ballut y Balutia son dos caras de la misma moneda.
Para la gente que lea esta entrevista y nunca haya oído hablar de este evento, podrías resumir en pocas palabras, ¿qué es exactamente el proyecto Balutia?
Ciclismo en autosuficiencia con un hilo conductor: rendir homenaje a la frontera invisible de algo que ya no existe. Una "rebelión”, entre comillas, contra las divisiones administrativas actuales que separan a la gente y los territorios. Aprendemos que hasta aquí "tú eres andaluza” y desde esta línea “tú eres extremeño" o de Castilla-La Mancha. Yo estoy orgulloso de ser andaluz, pero también soy consciente de que lo soy de refilón.
Respecto a la duración, el tiempo de Balutia permite recorrer un vasto territorio que antiguamente abarcaba lo que hoy se extiende a través de tres comunidades autónomas y tres provincias modernas. Una prueba puede ser todo lo dura que sea, pero si se da tiempo, bocaíto a bocaíto, lo acaba digiriendo un público más amplio. Entiendo que en otros eventos se haga de otra manera.
Como analogía a la historia de Balutia, ¿no te da la sensación que los eventos de larga distancia son una vuelta “a la casilla de salida" del ciclismo, recuperando la esencia original y épica, en oposición al ciclismo hipersofisticado moderno?
Sí, sí, totalmente. La sensación es esa. Creo que hay un componente generacional, pues en su mayoría somos gente en torno a los 40 años que estamos dándonos cuenta de la locura que supone pedalear y descubrir el entorno en bicicleta, en soledad y autosuficiencia.
Sin embargo, me preocupa que se desvirtúe la idea del gravel. Mucha gente de la competición está aterrizando en esta disciplina para competir más, con una energía muy masculina y llena de testosterona por ver quién va más rápido y si no pues “reviento”. Balutia intenta alejarse de eso, enfocándose en la gestión del descanso, del ritmo, de la balanza entre la experiencia mística del viajero y del deportista de aventura, que más que un deportista nato, es un solucionador de problemas, y que desarrolla una capacidad de adaptación brutal.
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La participación es muy desigual a nivel hombre-mujer en las ultras, ¿cómo lo ves? ¿Qué porcentaje de chicas esperáis que participe en esta primera edición de Balutia?
En cuanto a la participación, sí. Pero hay estudios que demuestran que la brecha se reduce a nivel de rendimiento conforme aumenta la distancia.
En cuanto a Balutia, ya hay alguna inscrita, pero me preocupa, obviamente. He hablado alguna vez con Ana Orenz, que es una referente en la larga distancia, y además tiene una capacidad de rendimiento brutal. También con Laura Rincón, fundadora de Rare Femmes. O con Silvia Molinero, otra referencia del bikepacking en España.
Se ha demostrado el altísimo rendimiento de las mujeres en el ultra, con algunas chicas en top-10 en pruebas de alto nivel. Pero, sobre todo, se han "pasado el juego" de la competitividad inmadura que tenemos los hombres. Yo mismo, que me considero incapaz en lo deportivo, a veces me descubro preocupado por cuestiones de tiempo o de posición.
Hace unas semanas, había un grupo de doce personas, íntegramente chicas, que estaban en Al-Ballut. Puede parecer algo anecdótico, pero es un buen indicativo. Y seguro que pronto las ultras irán ganando en equidad.
¿Cómo definirías a la persona que participa en una ultra como Balutia? ¿Se parece más a una superheroína o a un mártir?
Je, je, je. Un poco de cada. Pero creo que es un superhéroe, independientemente de lo que tarde, porque ha roto una frontera mental en su cabeza y ha perdido el miedo a no viajar cómodamente, aunque luego el nivel de confort en esta disciplina es muy personal. Habrá quien quiera dormir en hoteles confortables, y quien se eche en su saco bajo las estrellas en medio del campo. Pero para nada es un martirio.
Entonces, ¿bandolero o anacoreta?
Creo que tiene un toque punky, así que se parece más a un bandolero amable.
Para ti, ¿qué supone pedalear de noche?
El ciclismo por definición se acaba cuando llega la noche. En el ultraciclismo, por el contrario, durante la noche el reloj sigue corriendo. Mi estrategia es rascarle horas a la noche y al amanecer, yendo a dormir tarde y madrugando. Planificar una aventura así es para mí parte del disfrute. La noche es el momento de la supervivencia y la soledad, y es una sensación difícil de describir el estar en el campo, algo que el ser humano lleva muchos años sin hacer. Una barrera que, cuando la vences, hace que te sientas imparable. Sin embargo, no es necesario pedalear de noche para hacer estas pruebas. Hay tantas maneras de afrontarlo como ciclistas.
En los momentos de más fatiga, cuando se pierde el sentido a esto del pedaleo, ¿cómo lo gestionas? ¿Te has retirado alguna vez de alguna ultra?
Nunca me he retirado de ninguna prueba ultra. Es una de mis pequeñas victorias personales. Aunque seguro que ocurrirá. La diversión del ultraciclismo, para mí, es la gestión (descanso, pedaleo, alimentación, cabeza). Enlazando con la pregunta de antes, mi regla es "Nunca abandones de noche". Consúltalo con la almohada. Y casi seguro que decides continuar.
Una aclaración, antes de que se olvide: Con docenas de ultras a tus espaldas, ¿te consideras "incapaz en lo deportivo", como has insinuado antes?
Sí, si hablamos del rendimiento. Mi objetivo no es ir muy rápido, sino gestionar la mente y el cansancio. Tengo otras prioridades, como probar cuatro o cinco quesos que merezcan la pena haciendo Transibérica. No es ir muy rápido; es la experiencia, los sitios nuevos y las anécdotas. No entro dentro del canon de ciclista machaca. Por eso un tiempo de corte amplio es importante para mí, y quería que también lo hubiese en Balutia, para dar cabida a más tipos de ciclistas.
En cuanto a la participación extranjera, ¿es muy variada la procedencia de los inscritos en esta primera edición?
Sobre todo, producto local. Aunque ya hay cinco participantes inscritos de Alemania, Suiza e Inglaterra. Y, además, otra gente que está gestionando la logística para poder confirmar la inscripción. El AVE y el bus son una buena opción para llegar a la salida.
¿Has llamado a las puertas de las administraciones, teniendo en cuenta que son tres comunidades autónomas, tres diputaciones, docenas de ayuntamientos y varias mancomunidades?
No estoy llamando a casi ninguna puerta. Es un trabajo que no sé hacer. Prefiero enfocarme en hacer fotos atractivas, dibujar rutas chulas y enamorar a unos cuantos participantes indecisos. El concepto Balutia es difícil exponerlo a una administración. Así que de momento no quiero complicarme la vida, aunque no cierro puertas por si alguna vez alguien entiende la dimensión de esto y decide apoyarlo.
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Hagamos una panorámica por el recorrido, ¿qué nos puedes adelantar de la distancia, tiempo o tipo de terreno?
Un total de 870 km, con +11.000m. Y 133 h para recorrerlo. Un tiempo prudencial para una prueba así. Después, cada cual se decide por la velocidad que mejor se adapte a su gusto. Imagino que el primero en completarla intentará bajar de las 48 h. Se equilibra asfalto y pistas de tierra al 50%. Aunque algunos asfaltos rotos son totalmente offroad. La segunda mitad es donde hay más asfalto, se puede agradecer por el cansancio acumulado. En origen, la gravel es una bici que va bien en carretera, que vuela cuando el asfalto está en mal estado, y es capaz de conectar otras carreteras por pistas de tierra. En ese concepto se maneja Balutia.
Menciona los lugares que no podemos perdernos.
Uf. Muy difícil. La zona de Obejo o el túnel del Horcajo me encantan. La Siberia Extremeña, una altiplanicie con unos caminos en cruz en los que te da la sensación de estar en el Far West. Los humedales de La Serena y Orellana, simplemente espectaculares. San Calixto, en Hornachuelos, cruzando el río Bembézar, en pleno corazón de Sierra Morena. Y me reservo algunas joyas para no hacer spoilers… (ríe) Mencionaré como imprescindible el pueblo de Solana del Pino, que sería como el Gorafe de Badlands. Si además tenemos en cuenta que será el primero de mayo, con la primavera en todo su esplendor…
David, como sabes, en AeB nos ocupa la movilidad en bicicleta como una herramienta transformadora, generadora de salud y bienestar social. ¿Cómo crees que este tipo de eventos pueden motivar hacia el uso de la bicicleta en general?
Creo que está más cerca de lo que pensamos. Hay que inspirar, contando historias de lo genial que es moverte en bici disfrazarlo de aventura. Aquí, en Los Pedroches, la gente se está acostumbrado a ver a personas de muchas procedencias viajando en bicicleta. Perfiles que sorprenden porque se alejan de los clichés. Hay funcionarios, arquitectas o albañiles que pasan sus vacaciones sobre la bicicleta. Y eso es muy inspirador. Está claro que vamos en una ola que no para de crecer. Ya hay aparcabicis y me gusta pensar que la chavalería de otros pueblos pueden acudir al instituto cruzando los preciosos caminos de aquí.
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Visión a futuro: si te imaginas Balutia dentro de 10 años, ¿cuál sería el escenario ideal para el proyecto y la cultura ciclista en la zona?
Me gustaría que la gente joven y no tan joven comprendiera que, con perdón, esto del cicloturismo es la hostia como experiencia. Que es bueno para la cabeza, y aporta mucha diversión. Así que, idealmente, me gustaría que Balutia hiciera crecer la cultura del viaje ciclista. Que en los lugares de paso se cree un buen recuerdo de los viajeros en bici. Que se contagie y cuaje.
Y respecto a la puesta de largo, ¿qué esperas de esta edición en particular?
Que la gente se lo pase bien. Y que haya comunión entre quienes participan y la gente de los lugares por los que se pasa. Que salga todo bien y que el resultado del evento me inspire para trabajar en la segunda edición. Por pedir, que se consolide el proyecto sin perder la esencia, ni el concepto. Que se hable de Balutia para que, a quien lo descubra, le pique la curiosidad por venir a descubrir los pueblos, la gastronomía y nuestra cultura. Que quien nos visite se maraville de la gente de esta tierra, del paisanaje, que es lo más potente que tiene Balutia. Estoy convencido de que la ruta es genial, pero quiero conocer el feedback. Espero que la gente que venga se divierta y se vaya feliz.
Muchas gracias, David. Como curiosidad, con todo lo que le dedicas al ciclismo ahora, ¿qué hacías con tu tiempo libre hace diez años antes de dedicarte de lleno a este mundo (modo ironía on)?
(Ríe) La vida son etapas. En mi caso, he cambiado un poco el ocio de la música a esto. He tenido grupos de música toda mi vida, y eso ocupaba tiempo de composición, grabación y ensayos. Llega un momento, con la edad, en que te ves fuera de lugar en ciertos ambientes, y dices: "¿Esto para qué?". Ahora, la bici se ha convertido en viaje, soy un loco de viajar y conocer sitios con la bici, y las propuestas de ultradistancia me encantan.
Es noche cerrada y decidimos continuar la charla en otro lugar. En el zurrón, varias horas de entrevista y una ruta al atardecer que aún cosquillea en las piernas y da lumbre en la retina. David elige La Costanilla, un lugar de referencia de la gastronomía y la cultura de Pozoblanco. Al entrar, todo el mundo saluda. Aquí todos se conocen y a David se le reconoce. Se cruzan nombres, palmadas en la espalda, miradas cómplices.
La conversación sigue como si no hubiera habido un corte, saltando de las bicis al territorio, de las ventajas y desventajas de lo rural, a las pinturas de las paredes; o al reciente fallecimiento de Robe Iniesta, que ha golpeado el ánimo de varios de los allí presentes. Se habla bajo, con respeto, como se habla de las cosas que importan.
Más tarde salimos a pasear por Pozoblanco. Las calles están casi vacías y el frío termina de ordenar el día. No hace falta decir mucho más. Hay encuentros que no se cierran, solo se dejan decantar, como un buen caldo, como un buen guiso. Balutia, pensamos mientras caminamos, aglutina algo de esto: de conversación que continúa, de territorio que se explica mejor sin prisa, de caminos que no se agotan cuando cae la noche.
Balutia. 1 de mayo de 2026. Un viaje por la frontera invisible de un territorio excitante. Inscríbete aquí: https://balutia.com/











